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Author Topic: Las reglas monásticas en la península ibérica  (Read 25165 times)

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Las reglas monásticas en la península ibérica
« on: June 10, 2017, 01:07:58 AM »
En España, a diferencia del resto de Europa, la entrada de la regla de San Benito va a ser un proceso tardío. Durante la época visigoda, la españa árabe y la alta reconquista, era común a una comunidad monástica «reglar» su vida usando un conjunto de reglas contenidas generalmente en códices regularum,(1) colecciones con las reglas y tratados ascéticos de los monjes de Egipto: Pacomio, Macario, Basilio; las reglas de San Agustín, San Jerónimo, Casiano etc. Muchos obispos españoles comenzaron a sentir la necesidad de adaptar estas reglas a la realidad y necesidades de la península y comenzaron a escribir también reglas y escritos que se fueron añadiendo a estos códices. La primera y más antigua que se tenga noticia es la compuesta antes del 590 el obispo de Gerona, Juan de Biclaro, desgraciadamente hoy perdida.(2) Hacia el 600 San Leandro de Sevilla escribe su De institutione virginum et contemptu mundo, conocida como regla de San Leandro, obra escrita por el santo a instancias de su hermana Florentina y su comunidad de vírgenes. El hermano menor de San Leandro, San Isidoro, escribe también entre el 615 y el 624 su Regula monachorum. Isidoro intenta mitigar la dureza de las reglas orientales y escribe en lenguaje sencillo y llano. Ofrece un modo concreto de organizar el oficio divino, la admisión de novicios, la abolición de las clases sociales en la comunidad, el trabajo manual y el castigo de los trasgresores de la regla. En Galicia van a surgir otras reglas con adaptaciones hispanas de los textos de Agustín, Jerónimo, etc., pero la más importante es la Regula monachorum de Fructuoso de Braga escrita entre el 630 y el 635. Esta regla junto con una segunda recensión llamada la Regula communis compuesta entre el 665-680, reflejan la situación de la vida monástica galaico-portuguesa, con los peligros latentes de comunidades heterodoxas, monasterios familiares y presbiterales, los antagonismos entre el episcopado que vivía bajo alguna regla y el episcopado secular, las admisiones en la vida monástica de familias enteras, de ancianos y de fugitvos de la justicia, la cercanía sospechosa de monasterios masculinos y femeninos, etc. Al final traen el famoso pactum, una profesión monástica que tiene la forma de un contrato casi-feudal entre el abad y sus monjes.(3) Las reglas monásticas ibéricas van a trascender su origen geográfico e influyeron en la reforma monástica carolingea. En efecto, San Benito de Aniano incorpora las reglas de San Isidoro y San Fructuoso a su Codex regularum. En España la regla de San Benito comienza a abrirse paso recién a fines del siglo IX. Tan tarde como 1055, el Concilio de Coyanza permitía a los monasterios elegir entre las reglas de San Isidoro y San Benito. A fines del siglo X va a aparecer la última de las reglas hispánicas. Se trata del Libellus regularis, regla de monjas compuesta en la Rioja por el abad Salvo de Albelda (951-962). Consiste de extractos de la regla de San Benito, la Explanatio de Esmargardo, el oficio litúrgico hispanico y la profesión en forma pactual.

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Re: Las reglas monásticas en la península ibérica
« Reply #1 on: June 12, 2017, 04:32:32 AM »
Los Pactos monásticos ibéricos(4)

La formula de profesión de votos religiosos en la españa visigoda va a ser conocida con los términos pactum, placitum o pctio. Estos asumen una forma individual o colectiva. Para encontrar las raíces y el origen de esta peculiar forma de expresar los votos religiosos, debemos remontarnos al derecho germánico. En efecto, tanto por la fraseología como por el carácter jurídico, el pacto refleja el juramento de fidelidad que hacían los reyes godos recién elegidos. Se trata de una fórmula contractual, de carácter casi feudal, pero con una veta notablemente --salvando el anacronismo-- democrática. Los monjes expresan una sumisión al abad que eligen pero sujetando los poderes de éste al recto cuмplimiento de su oficio. Los pactos monásticos van a desaparecer definitivamente con el triunfo del benedictismo bajo el rey Fernando I (1035-1065). Trascribimos a continuación el pacto de la Regla de San Fructuoso de Braga.



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Re: Las reglas monásticas en la península ibérica
« Reply #2 on: June 17, 2017, 01:43:50 AM »
El Pacto de la Regla communis atribuida a San Fructuoso (5)
 
«EN EL NOMBRE DEL SEÑOR EMPIEZA EL PACTO
En el nombre de la santa Trinidad, Padre, e Hijo, y Espíritu Santo, lo que creemos en nuestro corazón lo confesamos también de palabra; creemos en el Padre, no engendrado; en el Hijo, engendrado; en el Espíritu Santo, que procede de ambos que sólo el Hijo tomó carne de una virgen y bajó al mundo por la salvación de todos los que creen en El, y que nunca se separó del padre y del Espíritu Santo. Porque El dijo: Yo y el Padre somos una sola cosa (Jn 10,30); y: El que me tiene , tiene también al Padre, y el que me ve, ve también al Padre (Jn 14,9); y asimismo dijo: El cielo es mi trono, y la tierra escabel de mis pies (Is 66,1 Hch 7,49). En el cielo, los ángeles adoran a toda la Trinidad, y en la tierra, el Señor predica a los hombres con estas palabras; Id, vended todo lo que poseéis y dadlo a los pobres; y venid, seguidme (Lc 12,33; Mt 19,21); y en otro lugar; Si alguien quiere venir tras de mí, niéguese a sí mismo y levante su cruz y sígame (Mt 16,24; Lc 9,23); y en otro lugar: Quien estimare al padre o a la madre, a la mujer, a los hijos, o a todos los que pasan con el mundo, más que a mí, no es digno de mí (Mt 10,27; Lc 14,25); y en otro pasaje; Quien no aborrece a su vida por mi causa, no es digno de mí; y: Quien perdiere la vida por mí, la encontrará en la vida eterna (Jn 12,25; Mt 10, 39; Lc 9,24).

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Re: Las reglas monásticas en la península ibérica
« Reply #3 on: June 19, 2017, 12:15:32 AM »
El Pacto de la Regla communis atribuida a San Fructuoso (5)
 
«EN EL NOMBRE DEL SEÑOR EMPIEZA EL PACTO
En el nombre de la santa Trinidad, Padre, e Hijo, y Espíritu Santo, lo que creemos en nuestro corazón lo confesamos también de palabra; creemos en el Padre, no engendrado; en el Hijo, engendrado; en el Espíritu Santo, que procede de ambos que sólo el Hijo tomó carne de una virgen y bajó al mundo por la salvación de todos los que creen en El, y que nunca se separó del padre y del Espíritu Santo. Porque El dijo: Yo y el Padre somos una sola cosa (Jn 10,30); y: El que me tiene , tiene también al Padre, y el que me ve, ve también al Padre (Jn 14,9); y asimismo dijo: El cielo es mi trono, y la tierra escabel de mis pies (Is 66,1 Hch 7,49). En el cielo, los ángeles adoran a toda la Trinidad, y en la tierra, el Señor predica a los hombres con estas palabras; Id, vended todo lo que poseéis y dadlo a los pobres; y venid, seguidme (Lc 12,33; Mt 19,21); y en otro lugar; Si alguien quiere venir tras de mí, niéguese a sí mismo y levante su cruz y sígame (Mt 16,24; Lc 9,23); y en otro lugar: Quien estimare al padre o a la madre, a la mujer, a los hijos, o a todos los que pasan con el mundo, más que a mí, no es digno de mí (Mt 10,27; Lc 14,25); y en otro pasaje; Quien no aborrece a su vida por mi causa, no es digno de mí; y: Quien perdiere la vida por mí, la encontrará en la vida eterna (Jn 12,25; Mt 10, 39; Lc 9,24).
 
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Re: Las reglas monásticas en la península ibérica
« Reply #4 on: June 23, 2017, 05:18:56 AM »
Por eso, es mejor, mucho mejor, hollar el mundo, obedecer a Cristo, cuмplir el Evangelio, poseer la vida bienaventurada con los santos ángeles para siempre por todos los siglos. Por eso, encendidos en el fuego divino, he aquí que todos los que hemos de subscribir abajo entregamos nuestras almas a Dios y a ti, señor y padre nuestro, para que, según la enseñanza y norma de los apóstoles y tal como sancionó la autoridad de los padres precedentes, habitemos en el mismo monasterio, siguiendo los pasos de Cristo y tus lecciones. Y todo lo que quisieres anunciar, enseñar, impulsar, increpar, mandar, excomulgar según la regla o enmendar para la salud de nuestras almas, con corazón humilde, sin ninguna arrogancia, con toda adhesión y ardiente deseo, con la ayuda de la gracia divina, sin excusa y con el favor del Señor, todo lo cuмpliremos.
 
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