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Author Topic: Los Apostoles  (Read 908 times)

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Offline poche

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Los Apostoles
« on: July 08, 2014, 04:16:43 AM »
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  • Tomás es conocido por su incredulidad y acto de fe consiguiente, ante la noticia de la Resurrección de Jesús. Hay además, otros dos hechos específicos que lo caracterizan, también narrados en el santo evangelio.

    El primero de estos sucesos ocurre cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalén, donde, según lo que Él mismo les había ido anunciando a sus Apóstoles, sufriría la Pasión y muerte en Cruz. Los discípulos sienten temor y le dicen a Jesús: “Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá?” (Jn 11, 8). Ellos no podían comprender que Jesús se arriesgase. Lo amaban y no querían perderlo. Pero no se daban cuenta que Jesús debía “beber este cáliz” para completar la obra de la Redención. Como si fuera poco, Tomás todavía agrega: “Vayamos también nosotros y muramos con Él” (Jn 11, 16).

    En medio del temor, Tomás, viendo que no va a convencer al Maestro de que se desvíe del camino, exhorta a los demás a morir con Jesús. Nosotros, los cristianos, también queremos morir con Cristo. No lo queremos abandonar ni romper nuestra fidelidad, aún en las dificultades. Pidámosle a Tomás ayuda para que siga prendido en nuestra alma este deseo.

    La segunda intervención de Tomás sucedió durante la Última Cena. Jesús les dijo a los apóstoles: “A donde Yo voy, ya sabéis el camino” (Jn 14, 4). Y Tomás le respondió: “Señor: no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” (Jn. 14, 5). No comprendían el camino de Jesús. La Cruz es un misterio de amor demasiado grande para nosotros. Ante el regalo de la Redención, cualquier explicación es insuficiente. Tomás se queda exhorto ante este misterio, casi “locura” del amor de Dios. Y no calla, le presenta a Jesús sus dudas y su incapacidad de comprender.

    Nosotros tampoco comprendemos, nos cuesta entregarnos por amor en cada momento, como lo hace Jesús. Nos cuesta tomar nuestra Cruz. A veces, las dificultades o el sentirnos solos o desconsolados nos ensordecen a este misterio. Nos cuesta creer que, aun en el dolor, podemos ser felices.

    Esta pregunta de Tomás, nos merece tal afirmación que Jesús hace sobre sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 6).

    Cuando no encontremos el sentido a la vida, dejemos que resuenen en nuestro corazón estas palabras de Jesús. Él es nuestra respuesta, en Él hayamos el sentido que buscamos. Jesús no solamente nos indica el camino, si no que nos dice que Él mismo es el camino, siguiéndolo a Él ya no andaremos en tinieblas.

    El protagonismo de Tomás se encierra aún más en su duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando lo vio.

    Nos relata San Juan en el capítulo 20, que la primera vez que se aparece Jesús resucitado a los Apóstoles, Tomás no estaba con ellos. Probablemente, se hubiera apartado de los demás

    Apóstoles, lleno de temor y desesperanza, después de la aparente derrota de Jesús en la Cruz. Quizá, bajo tanta tristeza, quería sufrir solo o intentar olvidar las promesas.

    Los demás Apóstoles, ante la evidencia de tener ante sí a Jesús, no dudan que resucitó verdaderamente, tal como se los había anunciado. Ellos van en busca de Tomás y con alegría le anuncian: “Hemos visto al Señor” (Jn 20, 24). Pero Tomás no les cree, le  parece demasiado maravillosa la noticia como para ser real, y les responde: “si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré”(Jn 20, 25). Necesita ver y palpar que este Jesús que triunfa sobre la muerte es el mismo que aquél de la Cruz.

    A pesar de su incredulidad, se vuelve a unir al grupo de los doce. El Señor, respetando nuestra libertad, desea encontrarnos una y otra vez; y así se hace presente nuevamente y le habla a Tomás: “Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente” (Jn 20, 27). Tomás al verlo, desde lo profundo, exclama: “Señor mío y Dios mío”(Jn 20, 28). Este acto de fe y de amor, de conversión, es el reconocimiento de Cristo, como Dios y como su Señor, de Cristo como la luz que prende en medio de la tinieblas de la incredulidad y desesperanza.

    Jesús le dijo: “Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver” (Jn 20, 29). Nos tendrá presente a cada uno de nosotros que no podemos ver físicamente a Jesús; que, como Tomás, también creemos y dudamos. Su incredulidad fue provechosa para nosotros, ya que fue un signo de que Jesús resucitó verdaderamente, confirmando una vez más nuestra fe.

    Este encuentro marcó a Tomás, quien se afirmó en su fe hasta el fin. La Tradición nos dice que Tomás en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio dando testimonio de su fe en Jesús resucitado.

    Desde el siglo VI se celebra el día tres de julio el traslado de su cuerpo a Edesa.

    Petición: “Señor, auméntanos la fe y enséñanos a convertir nuestro corazón, repitiendo a diario la respuesta de Tomás: “Señor mío y Dios mío”.

    http://www.iglesia.org/component/k2/item/2078-santo-tomás-apóstol

    Offline poche

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    Los Apostoles
    « Reply #1 on: July 08, 2014, 11:52:49 PM »
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  • Tomás, llamado también Judas Tomás Dídimo, fue uno de los doce apóstoles de Jesús. Tomás significa "gemelo" en arameo, y Dídimo tiene el mismo significado en griego. Es venerado como santo tanto por la Iglesia católica como por la Iglesia ortodoxa.

    Nombre e identidad[editar]Ha existido desacuerdo y falta de certeza en lo que se refiere a la identidad del apóstol Tomás. En tres pasajes del Evangelio de Juan (Juan 11:16; Juan 20:24y (Juan 21:2), se le llama "Tomás, llamado el Dídimo". Tanto la palabra griega "Dídimo" como la aramea "Tau'ma", significan "gemelo", o "mellizo". Por lo tanto, la expresión "Tomás, llamado el Dídimo" es una tautología que elude mencionar el nombre real del personaje.

    El evangelio de Tomás, hallado en Nag Hammadi, comienza así: "Estas son las palabras secretas que pronunció Jesús el Viviente y que Dídimo Judas Tomás consignó por escrito". La tradición siria informa también que el nombre completo del apóstol era Judas Tomás, y en el apócrifo conocido como Hechos de Tomás, escrito en Siria oriental a comienzos del siglo III, es identificado con Judas, uno de los cuatro hermanos de Jesús mencionados en Marcos 6:3. Ningún texto indica de quién es gemelo Judas, pero, partiendo de las premisas antes mencionadas, se ha especulado con la posibilidad de que fuese gemelo de Jesús, aunque según la tradición eran solo primos de segundo grado.

    La interpretación cristiana tradicional no considera que Judas y Tomás sean la misma persona.

    Tomás en los evangelios canónicos[editar]En los evangelios sinópticos y en los Hechos de los Apóstoles aparece en la lista de los apóstoles (Mateo 10:3, Marcos 3:18, Lucas 6:15, pero no se da más información acerca de él.

    El apóstol Tomás aparece en varios pasajes del Evangelio de Juan:

    Juan 11:16: Lázaro acaba de morir, y los discípulos se resisten a la decisión de Jesús de volver a Judea, donde los judíos lo esperan para apedrearlo. Jesús está decidido, pero es Tomás quien dice la última palabra: "Vamos también nosotros, para que muramos por él".
    Juan 14:5: Durante la Última Cena, Jesús asegura a sus discípulos que conocen el camino al lugar a donde él va a ir. Tomás, sin embargo, pregunta: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?". Jesús replica que él es el camino, la verdad y la vida, y que sólo a través de él conocerán al Padre; interviene después Felipe pidiendo que les muestre al Padre. A esto sigue una compleja exposición que hace Jesús de su relación con el Padre.
    Juan 20:24-29: Aunque a Tomás se le anuncia la resurrección de Jesús, se niega a admitirla: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré." Ocho días después, Tomás toca con sus propias manos las heridas de Jesús en las manos y en su costado. Jesús le recrimina haber necesitado ver para creer. Es el más conocido de todos los episodios evangélicos relacionados con el apóstol Tomás.

    Escritos atribuidos a Tomás[editar]En los primeros siglos de la era cristiana circularon varios escritos atribuidos al apóstol Tomás.

    El más importante de todos ellos es sin duda el Evangelio de Tomás, apócrifo descubierto en 1945 en Nag Hammadi. Si bien el ejemplar consevado pertenece a la primera mitad del siglo IV, muchos estudiosos consideran que la obra en sì es mucho más antigua; las fechas de composición, no obstante, varían entre el siglo I, con lo cual sería contemporáneo de los evangelios canónicos, y el siglo III. Se trata de un conjunto de 114 dichos de Jesús, sin material narrativo, producto de sus conversaciones con los discípulos. El evangelio de Tomás hace especial hincapié en que el Reino de Dios está dentro de nosotros:

    Si vuestros guías os dicen que Reino está en el cielo, los pájaros os precederán. Si os dicen que está en el mar, entonces los peces os precederán. El Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros.

    ...cuando os lleguéis a conocer, entonces seréis conocidos y sabréis que vosotros sois los hijos del padre viviente.

    El evangelio de Tomás fue considerado herético por los Padres de la Iglesia,[1] aunque no se conservan citas del mismo. Según algunos investigadores debido a su enfrentamiento con las autoridades eclesiásticas; la investigadora Elaine Pagels sostiene que el Evangelio según san Juan fue escrito en respuesta a esta obra.[2]

    Otro apócrifo fue puesto bajo la autoría de Tomás; se trata del Evangelio del Pseudo Tomás -no confundir con el anterior-, escrito probablemente a finales del siglo II, tal vez en Siria, que se encuadra en el grupo de los apócrifos de la infancia.

    En el texto gnóstico del siglo III Pistis Sophia, Tomás es citado como uno de los tres testigos encargados de transmitir las enseñanzas de Jesús, junto a los apóstoles Felipe y Mateo, lo que parece demostrar que estaba bastante difundida su inclusión entre los evangelistas.

    Tomás en Siria[editar]Tomás tiene un importante papel en la leyenda del rey Abgar de Edesa, ya que envió a Tadeo (no confundir con el apóstol Judas Tadeo) a predicar en Edessa después de la Ascensión de Cristo (Eusebio de Cesarea, Historia ecclesiae 1.13; III.1; Efrén el Sirio relata también esta leyenda.) En la década de 380, la monja Egeria describió su visita en una carta dirigida a su comunidad de religiosas en Occidente (Itineraria Egeriae):

    ...llegamos a Edesa, en nombre de Cristo Nuestro Señor, y, a nuestra llegada, reparamos inmediatamente en la iglesia y monumento de Santo Tomás. Allí, según la costumbre, se reza y se hacen las otras cosas que se acostumbra a hacer en los lugares santos; leímos también algunas cosas acerca de Santo Tomás. La iglesia de allí es muy grande y hermosa, y de nueva construcción, un lugar muy a propósito como casa de Dios, y, como había muchas cosas que yo deseaba ver, fue necesario permanecer allí durante tres días.

    Tomás en la India[editar]Eusebio de Cesarea (Historia Ecclesiastica, III.1) cita un texto de Orígenes, que vivió en la primera mitad del siglo III, en el que afirma que Tomás fue el apóstol de los partos. Sin embargo, Tomás es más conocido como evangelizador de la India (al este de Partia), según se relata en los Hechos de Tomás (hacia 200). En Edessa, donde se veneran sus reliquias, el poeta Efrén el Sirio (muerto en 373) escribió un himno, en que el diablo exclama:

    ...¿En qué lugar escaparé del justo?
    Incité a la Muerte a que acabase con los Apóstoles, para escapar así a sus golpes.
    Pero ahora se me golpea aún más duramente: el Apóstol del que escapé en la India me ha alcanzado en Edessa; aquí y allí me encuentro con el mismo.
    Allí donde yo voy está él: aquí y allí lo encuentro, para mi desgracia.
    Se han conservado varios himnos al apóstol Tomás, atribuidos a Efrén el Sirio, en códices de los siglos VIII y IX, que transmiten la tradición según la cual los restos de Tomás fueron llevados a Edessa desde la India por un mercader. Las reliquias, según la citada tradición, obraron milagros tanto en la India como en Edessa.

    Las diversas denominaciones de los modernos Cristianos de Santo Tomás creen, según una tradición no escrita que según ellos se remonta a finales del siglo II, que Tomás desembarcó en Kodungallur en el año 52, y fundó las iglesias popularmente conocidas como 'Ezharappallikal' (Siete Iglesias y Media). Estas iglesias eran las de Kodungallur, Kollam, Niranam, Nilackal (Chayal), Kokkamangalam, Kottakkayal (Paravoor), Palayoor (Chattukulangara) y Thiruvithamkode (la media iglesia).

    Los Hechos de Tomás describen, en su capítulo 17, la visita de Tomás al rey Gondofares, en el norte de la India. Según este texto (capítulos 2 y 3), Tomás viajó a la India por mar. Que tales viajes eran posibles es conocido a través de textos como el Periplo del Mar Eritreo. En 1872 se descubrió que el rey Gondofares había existido realmente, y había reinado entre los años 21 y 47. Posiblemente, el autor de los Hechos de Tomás manejó datos históricos fidedignos en lo referente a la India; esto, no obstante, no constituye prueba alguna de historicidad en lo referente al supuesto viaje del apóstol.

    Según la tradición, Tomás sufrió martirio en la India el 3 de julio del año 72. Por esa razón su festividad se celebra el 3 de julio.

    Tomás en América[editar]En el siglo XVII el matemático e historiador mexicano Carlos de Sigüenza y Góngora volvió a suponer, al parecer, que el apóstol Santo Tomás habría en realidad predicado no en la India sino en las Indias, y que su recuerdo se habría transformado en los aborígenes prehispanos en la figura de Quetzalcóatl. En 1790, al descubrirse en la Plaza de Armas de la Ciudad de México, importantes reliquias prehispanas, la estatua que se identificó con Coatlicue y la Piedra del Sol o Calendario Azteca, un abogado mexicano,[3] retomó estas teorías, creyendo encontrar en el análisis de esos docuмentos históricos confirmación a la identificación de Santo Tomás con Quetzalcóatl, asegurando además que el manto de la Virgen de Guadalupe era en realidad la capa de Santo Tomás Quetzalcóatl en la que la Virgen en persona habría impreso su huella. Estas curiosas suposiciones fueron sin embargo aceptadas y defendidas por el padre dominico Servando Teresa de Mier en el famoso sermón que pronunció ante el Arzobispo de México y el Virrey de la Nueva España el 12 de diciembre de 1794, en la Insigne y Real Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe, en la solemne festividad de la milagrosa aparición de dicha santa imagen, produciendo una gran conmoción (en tanto negaba la milagrosa aparición de la imagen) que llevó a que se abriera un proceso, en el que se desmonta la extravagante suposición de hacer al apóstol Santo Tomás en la América del siglo I, lo que no quita para que algunos la sigan teniendo por cierta.[4]

    Tomás en la Literatura[editar]El escritor peruano Ricardo Palma, autor de las llamadas Tradiciones peruanas realizadas en el siglo XIX, escribió una donde recoge la idea de que Santo Tomás también estuvo en esa nación sudamericana. Se trata de su historia titulada La sandalia de Santo Tomás, publicada por primera vez en 1877 en la cuarta serie de tradiciones.[5] Esto lleva a pensar que entre los grupos de criollos de la América Latina, la idea de la presencia de un apóstol de los inicios del cristianismo era un factor importante en la llamada independencia religiosa, como emancipación previa a la política.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Tom%C3%A1s_el_Ap%C3%B3stol