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Author Topic: El Rito Mozarabe  (Read 11461 times)

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El Rito Mozarabe
« Reply #15 on: September 23, 2014, 10:21:20 PM »
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  • BENDICIÓN DE LA MESA DE NAVIDAD

    Oración compuesta por D. Juan-Miguel Ferrer Grenesche, Vicario general de Toledo, Capellán mozárabe de la Catedral de Toledo y autor de numerosas publicaciones (1).

    Es un formulario de bendición de la mesa de Navidad, inspirado en la antífona cuarta y su oración del oficio de Matutino del día de Navidad (Breviarium Gothicuм p. 47). La bendición, propiamente dicha, está tomada del rito de la bendición de la mesa del Breviario (Breviarium Gothicuм p.CXLIV)

     

    1. Antes de la bendición
    Madre o hija. Os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el mundo: Os ha nacido hoy, en la ciudad de David,
    Todos. El Salvador, que es el Mesías, el Señor.

    Padre o hijo. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular.

    Todos. El Salvador, que es el Mesías, el Señor.

    Madre o hija. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

    Todos. El Salvador, que es el Mesías, el Señor.

    El mayor de los presentes.
    Señor, te has mostrado propicio por toda la tierra con el pueblo cristiano al anunciarle, por medio de los ángeles, una gran alegría: que hoy Cristo el Señor ha nacido, redención para todos y Salvador eterno, en la ciudad de David, que es la Iglesia, en ella Él reina eternamente, por medio de ella Él todo lo cuida y gobierna hasta la consumación de los tiempos.

    Concédenos pues, que ella en todas las cosas edifique su Reino, lo extienda por todo el mundo y lo una por siempre a la eternidad del Cielo.

    Todos. Amén.
     
    2. Bendición
    El mayor de los presentes.
    Concédelo, Señor santo, y dígnate ahora bendecir estos manjares y bebidas que vamos a tomar; para que merezcamos tomarlos santificados por manos de tu Ángel. Tú que eres bendito y vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos.
    Todos. Amén.
     
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    El Rito Mozarabe
    « Reply #16 on: September 24, 2014, 10:45:59 PM »
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  • Antes de empezar a comer

     Sal 144,15-16; 21,27
    Óculi hóminum in te sperant Dómine: et tu das escam illis in témpore opportúno.  Los ojos de todos te están aguardando, Tú les das la comida a su tiempo.  
    R/. Glória, et honor Patri et Fílio et Spirítui Sancto in sæcula sæculôrum. Amen. R/. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.  
    V/. Aperis tu manum tuam: et imples omnem ánimam benedictiône.  V/. Abres Tú la mano, y sacias de favores a todo viviente.  
    R/. Glória, et honor Patri et Fílio et Spirítui Sancto in sæcula sæculôrum. Amen. R/. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.  
    V/. Edent páuperes, et saturabúntur: et laudábunt Dóminum qui requírunt eum: et vivet cor eôrum in sæculum sæculi.  V/. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan; viva su corazón por siempre.  
    Et hic non dicitur Gloria. No se dice Gloria.



    El que preside, reparte el pan y dice este versículo:

    Versiculus / Versículo Sal 135,25
    Qui dat escam omni carni: quóniam in sæculum misericórdia ejus.  Él da de comer a todas las criaturas, porque es eterno su amor.
    R/. Glória, et honor Patri et Fílio et Spirítui Sancto in sæcula sæculôrum. Amen. R/. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.  

    A continuación, el que preside bendice los alimentos. Después comienza la comida.

    Benedictio / Bendición
    Sanctífica, Dómine, hanc escam et potum, quæ sumptúri sumus: ut per manus sancti Angeli tui sanctificâta, útraque súmere mereâmur.
    R/. Amen. Bendice, Señor, esta comida y esta bebida que vamos a tomar, para que merezcamos consumir ambas, santificados por manos de tu Ángel.
    R/. Amén.
     
    V/. Per misericórdiam tuam, Deus noster; qui vivis, et ómnia regis in ómnia sæcula sæculôrum.
    R/. Amen. V/. Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos.
    R/. Amén.
     
    V/. In nómine Dómini nostri Jesu Christi; sanctificâtum, et benedíctum: reficiâmur cuм pace.
    R/. Deo grátias. V/. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, lo que él bendice y santifica tomémoslo con paz.
    R/. Demos gracias a Dios.
     



    Al terminar de comer se dicen las siguientes oraciones:

    Lauda / Laudes Sal 117,15;132,1
    Vox lætítiæ et salûtis. Allelúia
    R/. In tabernáculis justôrum. Alleluia, alleluia.
     Clamor de alegría y de victoria. Aleluya.
    R/. En la tienda de los justos. Aleluya, aleluya.
    V/. Ecce quàm bonum, et quam jocúndum, habitâre fratres in unum.
    R/. In tabernáculis justôrum. Alleluia, alleluia.  V/. Ved qué hermosura y qué felicidad el que los hermanos vivan siempre unidos.
    R/. En la tienda de los justos. Aleluya, aleluya.
    V/. Glória, et honor Patri et Fílio et Spirítui Sancto in sæcula sæculôrum. Amen.
    R/. In tabernáculis justôrum. Alleluia, alleluia.  V/. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
    R/. En la tienda de los justos. Aleluya, aleluya.



    Versiculus / Versículo Sal 93,5
    Refecísti nos, Dómine, in factúra tua, et in opéribus mánuum tuârum exultábimus.
     Tú nos has alimentado, Señor, con tus acciones y ante la obra de tus manos gritamos de alegría.
    V/. Glória, et honor Patri et Fílio et Spirítui Sancto in sæcula sæculôrum. Amen. V/. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.  

    Oratio / Oración
    Tibi grátias ágimus, et te benedícimus, Dómine Jesu Christe: qui nos satiâre dignâtus es escâ et potu carnáli; réfice nos dono spirituáli, et líbera nos ab omni nexu peccáti; ut tibi semper serviâmus illæsi.
    R/. Amen.
     Te damos gracias y te bendecimos Señor Jesucristo que te dignas saciarnos con comida y bebida materiales. Aliméntanos con dones espirituales y libéranos de todos los lazos del pecado, para que sin mancha podamos servirte siempre.
    R/. Amén.
     
    V/. Per misericórdiam tuam, Deus noster; qui vivis, et ómnia regis in sæcula sæculôrum.
    R/. Amen. V/. Por tu misericordia, Dios nuestro, que vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos.
    R/. Amén.
    V/. In nómine Dómini nostri Jesu Christi: Dóminus abundâre fáciat servis suis omni benedictiône, et pace.
    R/. Amen.
     V/. En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo haga Dios abundar la paz y toda bendición entre sus siervos.
    R/. Amén.
    V/. Semper lætítia in domo ista cuм frátribus istis.
    R/. Amen. V/. Que la alegría siempre sea sobre esta casa y sobre estos hermanos (o esta familia).
    R/. Amén.

     
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    « Reply #17 on: September 25, 2014, 10:42:06 PM »
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  • Benedictio ad mensam / Bendición de la mesa
    Sanctifica, Domine, hanc escam et potum, quæ in nomine tuo accepturi sumus ut per manus sancti angeli tui sanctificatum sumere mereamur.
    R/. Amen. Bendice, Señor, esta comida y esta bebida que vamos a recibir en tu nombre, para que merezcamos consumir ambas, santificados por manos de tu ángel.
    R/. Amén.
     
    V/. In nomine Domini nostri Ihesu Christi reficiamus cuм pace.
    R/. Deo gratias. V/. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, comamos con paz.
    R/. Demos gracias a Dios.
     
    Et dum cenant silentium fit ita ut liber regularis legatur ne fabulæ vulgares intromittantur. Se guardará silencio durante la cena para que se pueda dar lectura a la regla de la comunidad, sin que se deban admitir otras lecturas profanas.

     

    Explicita cena dicunt hunc versum: Terminada la cena se dice este versículo:
    Versiculus / Versículo Sal 93,5
    Refecisti nos, Domine, in factura tua et in operibus manuum tuarum exsultabimus.
     Tú nos has alimentado, Señor, con tus acciones, y ante la obra de tus manos gritamos de alegría.
    V/. Gloria, et honor Patri et Filio et Spiritui Sancto in sæcula sæculorum. Amen. V/. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.  

     

    Oratio / Oración
    Refecisti nos, Domine, cibo et potu carnali, refice nos dono spiritali et tibi semper gratias agamus illæsi.
    R/. Amen.
     Tú que nos has alimentado, Señor, con comida y bebida materiales, aliméntanos con dones espirituales, para que libres de pecado podamos siempre darte gracias.
    R/. Amén.
     
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    « Reply #18 on: September 29, 2014, 12:11:43 AM »
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  • Yo confieso

    Esta oración está tomada del antiguo Missale Mixtum, donde formaba parte del rito penitencial de la antemisa de clara procedencia romano-toledana. El nuevo Missale Hispano-Mozarabicuм no incluye la antemisa ni por tanto esta oración, lo que no impide que pueda utilizarse fuera de las celebraciones litúrgicas.

      Confessio / Yo confieso
    Confiteor omnipotenti Deo et beatæ Mariæ Virgini et Sanctis Apostolis Petro et Paulo et omnibus Sanctis et vobis fratres manifesto me graviter peccasse per superbiam in lege Dei mei, cogitatione, locutione, opere et omissione, mea culpa, mea culpa, gravissima mea culpa. Ideo precor beatissimam Virginem Mariam et omnes Sanctos et Sanctas et vos fratres orare pro me. Confieso a Dios Todopoderoso y a la santa Virgen María y a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos y a vosotros hermanos, manifiesto que pequé gravemente por soberbia contra la ley de mi Dios, con el pensamiento, palabra, obra y omisión, por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa. Por tanto ruego a la Santísima Virgen María, a todos los santos y santas, y a vosotros, hermanos, que oreis por mí.
     

     
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    « Reply #19 on: September 29, 2014, 10:29:02 PM »
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  • ORACIÓN AL ANOCHECER (1)

    Christe, qui olim gloriosæ noctis huius diluculum resurrectionis tuae mysterio consecrasti, dum primus ipse numquam moriturus, et veræ primitiæ dormientium surrexisti; da nobis, ut in te resurgamus a vitiis, et vires reparemus perditæ sanitatis: ut in te vivificemur ad statum veræ salutis, qui pro nobis es mortificatus usque ad supplicium Crucis
    Amen.

    Per misericordiam tuam, Deus noster, qui es benedictus, et vivis, et omnia regis in sæcula sæculorum.

    Amen.
     Cristo, que en otro tiempo has consagrado la aurora de la noche con el misterio de tu resurrección, al resucitar para no morir más como primicia de los que descansan, concédenos superar nuestros defectos y recuperar las fuerzas de la salvación perdida, para ser vivificados
    en el campo de la verdadera salvación, porque has sufrido por nosotros hasta la muerte y muerte de Cruz.
    Amén.

    Por tu misericordia, Dios nuestro, seas siempre bendito.Tú que vives y de todos eres Señor por los siglos de los siglos.

    Amén.
     
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    « Reply #20 on: October 01, 2014, 11:10:41 PM »
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  • ORACIÓN AL ANOCHECER

    Himno de vísperas: Altissimi verbum Patris

    Altísima Palabra del Padre
    Jesús, nacido de una Virgen madre.
    Tu nacimiento para nosotros doblemente gozoso,

    Tú que te hiciste carne y eso eres.

    Ahora que ya el día termina,
    que haya una luz celestial,
    obséquianos una tarde feliz,
    mira con bondad nuestra acción de gracias.

    A ti con el ocaso del sol,
    oh Crsito, ofrecemos incienso,
    A nosotros tu luz celestial
    concede para la oscuridad desterrar.

    De las mentes ahora fatigadas hasta el sueño
    aparta la noche que ensombrece,
    desde la oscura entrega al sueño
    ilumina nuestras almas con pureza.

    Nuestros cuerpos no conocen el descanso tranquilo
    del artificio libertino creciente,
    pero tú, oh Dios traes a las mentes dormidas
    el descanso tranquilo para su más íntimo ser.

    Con corazones y voces levantados unánimes
    por Cristo, por el Espíritu, al Padre
    el himno resuena en coro poderoso
    y cantamos con entusismo eternamente

    (Breviarium Gothicuм Mozarabicuм, PL 86, col.190)
     
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    « Reply #21 on: October 02, 2014, 10:43:24 PM »
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  • El cómputo del Adviento.

    Así como el inicio del Adviento en el rito romano se halla vinculado al día 30 de noviembre, fiesta de san Andrés apóstol 1, en el rito hispano-mozárabe lo está al día 17 de noviembre, fiesta de san Acisclo mártir. El primer domingo del Adviento hispano-mozárabe es el más cercano al 17 de noviembre, excepto cuando este día cae en jueves, en cuyo caso lo será el domingo anterior. De esta manera, el primer domingo de Adviento puede caer entre los días 13 y 19 de noviembre inclusives 2 con lo que la duración de este periodo litúrgico oscila entre 36 y 42 días, contando desde el primer domingo hasta el día 24 de diciembre; es decir aproximadamente igual a la Cuaresma.

    Al observar el actual Misal hispano-mozárabe puede sorprender que disponga de un ciclo de dos años para los domingos I, II, III, V y VI y de uno solo para el domingo IV 3. Ello tiene que ver con las dos antiguas tradiciones litúrgicas hispanas, pues aunque ambas realizaban el cómputo del Adviento en relación con la fiesta de san Acisclo, lo hacían de manera distinta.

    Así, la llamada "Tradición A" aplicaba al Adviento un sistema de cómputo un tanto forzado basado en el de la Cuaresma. Se suponía un año ideal en que la Navidad cayera en jueves -asimilándola al Jueves Santo en que termina la Cuaresma- y se contaban treinta y nueve días hacia atrás. De este modo, el primer día del Adviento sería el lunes día 17 de noviembre, fiesta de san Acisclo -asimilada al cuaresmal Lunes del Ayuno 4- y existirían cinco domingos entre ambas fiestas, para cada uno de los cuales esta tradición cuenta con un formulario propio.

    Sin embargo, como el día de Navidad puede, de hecho, caer en cualquier día de la semana y el día de san Acisclo también, el caso ideal de cinco domingos se dará sólo cuando el 17 de noviembre caiga en lunes, martes, miércoles o jueves. Pero si lo hace en viernes, sábado o domingo, los domingos serán seis y faltará un formulario específico para ese domingo extra.

    En cambio, en la conocida como "Tradición B", no se presentaba este problema pues el cómputo no se hacía desde el día 17 de noviembre como día fijo, sino que se contaban sencillamente seis domingos antes de la Navidad, para los cuales se compusieron formularios propios. El inicio del Adviento variará en este caso de un año a otro, pudiendo caer entre los días 13 y 19 de noviembre, siempre en torno al día de san Acisclo. Este es el sistema que se mantiene en el Misal actual, heredero fundamentalmente del Missale Mixtum de 1500.

    Parece ser que este sistema del Missale Mixtum y de la Tradición B en general es más tardío que el de la Tradición A pues conservó textos antiguos de éste con claras referencias a una época en que el día de san Acisclo día era el inicio del Adviento. Así lo podemos ver aun en los formularios tanto en el Breviarium Gothicuм como del Missale Hispano-Mozarabicuм.

    En el Breviario Gótico podemos encontrar una primera alusión al inicio del Adviento en la completuria de las Vísperas de san Acisclo 5 y también en la oración de la sexta antífona de Matutino 6. Igualmente, en la misa del día de san Acisclo son numerosas las alusiones al Adviento y en particular a su inicio, como se comprueba en la oratio admonitionis 7:

    Celebrando, hermanos queridos, la gran solemnidad del beatísimo Acisclo, tributemos a la divina omnipotencia las mayores alabanzas y gracias por el triunfo de sus mártires, y al mismo tiempo y con igual afecto, oremos con la mayor humildad, para que podamos consumar felizmente nuestra propia lucha. Supliquemos también con insistencia a su generosa bondad,  para que lo mismo que a nuestros mártires les concedió no sólo el mérito y la dignidad de su martirio, sino también el amor ardiente para arrostrarlo, también a nosotros, como nos ha dignificado con la gracia de su adopción, nos revista de santidad, para que alcancemos su mismo dignidad, y, acabada la lucha de este mundo, nos conceda por el beneficio de su indulgencia, alcanzar el brillo del amor inextinguible.

    Y como según el don concedido, ellos rechazaron los premios de esta vida,  para dedicarse a la gloria perenne de la futura, así por su gracia, para que nosotros despreciemos con firme decisión los atractivos de este mundo, y esperemos con felicidad los gozos sempiternos, nos preste fortaleza la intercesión ante Dios de estos mártires, desde cuya festividad empezamos a celebrar el glorioso adviento del Dios humanado.
    R/. Amén.

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    « Reply #22 on: October 05, 2014, 10:35:24 PM »
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  • PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

    Primer domingo de Adviento, Año I:
    Profecía: Is 10, 33-11,10
    Psallendum: Sal 147,16-17
    Apóstol: Rom 15,14-29
    Evangelio: Lc 3,1-18
    Laudes: Sal 19,3

    El comienzo del tiempo de Adviento en el Año I tiene una perspectiva encarnatoria, no escatológica. La profecía de la encarnación de Isaías y el comienzo del ministerio público en Lucas expresan la importancia de los comienzos de la salvación: ésta se inicia con la encarnación, pero comienza a ser patente en el ministerio público de Cristo. La Profecía nos muestra la tipología cristológica del vástago del tronco de Jesé, mostrando también una continuidad con el Evangelio lucano: el Espíritu que se posará sobre el Mesías (Is 11, 2) recibe de la boca del Bautista su profecía última -él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego-, aunque no se aluda al Espíritu que se posa sobre Cristo el día de su Bautismo 1. La unidad entre Profecía y Evangelio se refleja además en dos temas: la reunión de los dispersos de Israel y el nacimiento de una nueva era. La Profecía se limita prácticamente al primer tema, muy querido por las oraciones judías y por las paleoanáforas cristianas. El Señor reunirá a los dispersos de Israel, la raíz de Jesé será estandarte de los pueblos. Este sentido universalista, olvidado pronto por Israel, implicará su sustitución como Pueblo de las promesas por la Iglesia, como lo hace ver el Evangelio: no empecéis a decir entre vosotros: Tenemos por padre a Abrahán. Pues os digo que Dios puede hacer surgir de estas piedras hijos de Abrahán. Además, ya está el hacha puesta junto a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Los hijos de Abrahán no son para Dios un linaje de sangre, sino de espíritu. Del árbol seco de Israel surge un vástago del que brota un Nuevo Pueblo de Dios. De este modo, todo hombre verá la salvación de Dios. La exhortación del Bautista a la conversión, aunque situada en el contexto del profetismo veterotestamentario, da la relativa connotación penitencial a este tiempo. Tanto el Psallendum como el Laudes son unánimes en cantar la encarnación: Envía su palabra; Él te envíe socorro desde su santuario.

    El Apóstol ahonda y prepara en el universalismo: los gentiles reciben el Evangelio. Y desde esta perspectiva se alude a la intención de san Pablo de visitar España: cuando me dirija a España espero veros al pasar; marcharé hacia España, y estaré de paso con vosotros. De esta forma, se comprende la evangelización de España como ejemplo último de ese universalismo de la salvación, que a Israel fue encomendado, pero que sólo la Iglesia dio cuмplimiento. Es interesante observar cómo ese universalismo, además de estar unido a la escucha del Evangelio, tiene un propósito litúrgico: en virtud de la gracia que me ha sido dada por Dios, para ser ministro de Cristo Jesús entre los gentiles, cuмpliendo el ministerio sagrado del Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles llegue a ser grata, santificada en el Espíritu Santo. De este modo, se expresa el sentido propio del ministerio episcopal y la liturgia como culmen de la vida de la Iglesia. La profecía del verdadero bautismo en el Evangelio, mostrará cómo la liturgia es también la fuente de la vida de la Iglesia.

    Primer domingo de Adviento, Año II:
    Profecía: Is 2,1-5; 4,2-3
    Psallendum: Sal 71,3-4.1
    Apóstol: Rom 11,25-31
    Evangelio: Mt 3,1-11
    Laudes: Sal 46,2

    El comienzo del tiempo de Adviento en el Año II tiene una perspectiva más encarnatoria todavía, si cabe, que en el Año I. La venida del Mesías es el tema que sirve de hilo de Ariadna para toda la Liturgia de la palabra de este domingo. Como en el Año I, encontramos el tema de la reunión de los dispersos y del vástago en la Profecía. La selección de perícopas (Is 2, 1-5; 4, 2s) centra la atención en el Señor, no en Jesé, y en Sión-Jerusalén como el lugar de donde sale la palabra de Dios. Con esto se expresa el carácter divino del enviado de Dios. La selección de la Profecía nos muestra otros dos datos importantes: a los herederos de Sión-Jerusalén se les llamará santos, nombre propio de los cristianos desde los comienzos y que resuena en la eucaristía hispano-mozárabe: lo santo para los santos. Esto vuelve a dar un horizonte eucarístico a toda la historia de la salvación. El segundo dato importante es lo que trae el enviado del Señor: la paz. El Psallendum se hace eco de esto -traigan los montes paz al pueblo- junto con la justicia, adjudicando la realeza al enviado divino de la profecía.

    El universalismo aludido en la lectura de Profecía -Confluirán a él todas las naciones- vuelve a aparecer en el Apóstol: la ceguera de Israel fue parcial, hasta que entrase la plenitud de los gentiles, y así todo Israel sea salvado conforme está escrito: "De Sión vendrá el libertador". Del mismo modo que en el Año I, el Apóstol ahonda y prepara en el universalismo al que se aludirá en el Evangelio, solo que en este Año II se profundiza en el origen de esa salvación universal: de Sión. Con esto, la carta a los Romanos retoma el tema del origen histórico, y por tanto humano, del Cristo.

    El Evangelio, en la misma línea que el del año anterior, da la connotación penitencial por la cercanía del Reino, rechazando la vinculación carnal del Pueblo de Israel y proponiendo una vinculación espiritual: no os justifiquéis interiormente pensando: Tenemos por padre a Abrahán. Porque os aseguro que Dios puede, aun de estas piedras, suscitar hijos de Abrahán. Mirad que el hacha está ya puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Los hijos de Abrahán no son para Dios un linaje de sangre, sino de espíritu. El canto de Laudes no da una connotación especial, sino que limita a la asamblea a alabar a Dios, y con ella, a todos los pueblos: ¡Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de alegría!

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    « Reply #23 on: October 06, 2014, 10:32:07 PM »
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  • SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

    Segundo domingo de Adviento, Año I:
    Profecía: Is 51,7-12
    Psallendum: Sal 79,3.2
    Apóstol: Rom 13,1-8
    Evangelio: Mt 11,2-15
    Laudes: Sal 84,7

    La primera lectura de Isaías, con sus versículos continuados, nos invita a contemplar el ansia que tenía el antiguo Pueblo de Dios por la manifestación del Señor, que clama el salmo: despierta tu poder y ven a salvarnos. La lectura pide una continuidad con los tiempos pasados, que la historia actual sea también una historia de salvación: ¡Despierta, despierta, revístete de poderío, oh brazo del Señor! ¡Despierta como en los días de antaño, en las generaciones pasadas! Ante esta inminente manifestación del poder de Dios, el justo no debe temer. La serenidad del justo se explicita con la lectura del Apóstol, en la que Pablo exhortaba a la comunidad romana a obedecer a la autoridad, porque no hay autoridad que no venga de Dios. Esta doctrina paulina ha justificado muchos regímenes políticos a lo largo de la historia, pero también ha introducido la incertidumbre. En la época mozárabe, este texto paulino debió ser especialmente difícil de comprender. Sin embargo, se establece un bastión de inmutabilidad ante la cambiante historia humana: los gobernantes no han de ser temidos por los que obran bien, sino por los que obran mal. ¿Quieres no temer miedo a la autoridad? Haz el bien, y recibirás su alabanza.

    El Evangelio también comparte ese deseo por la manifestación de Dios, pero en Cristo: ¿Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro? ¿Han llegado los tiempos de salvación que solicitaba el salmo? Han llegado: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncia el Evangelio. Sin embargo, el Evangelio vuelve a mirar, como en el domingo anterior, a Juan el Bautista. Con su elogiosa afirmación acerca de Juan, Cristo se sitúa como continuación de la historia de salvación: En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista. La liturgia hispana acogerá la frase del Mesías con especial aprecio, pudiéndose afirmar que el santo más apreciado por ella es Juan el Bautista: es el único santo que tiene un domingo que sirve de preparación para su fiesta (24 de Junio). Los demás santos de importancia tendrán un día previo de preparación, normalmente de carácter penitencial, pero nunca un domingo. Por tanto, su preparación es propiamente festiva y extraordinaria, rompiendo la sucesión de domingos De Cotidiano.

    Segundo domingo de Adviento, Año II:
    Profecía: Is 28,16-17; 29,17-24
    Psallendum: Sal 79,3.2
    Apóstol: 1Cor 4,1-5
    Evangelio: Mt 11,2-15
    Laudes: Sal 32,3

    En este Año II, la perspectiva de este domingo es más mesiánica todavía que el anterior. La primera lectura y el Evangelio comparten esta vez la misma visión sobre la plenitud de los tiempos: Oirán aquel día los sordos palabras de un libro, y desde la tiniebla y desde la oscuridad los ojos de los ciegos las verán, los pobres volverán a alegrarse en Dios, y los hombres más pobres en el Santo de Israel se regocijarán, dice la Profecía con sus versículos escogidos. El Evangelio: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncia el Evangelio. Los ciegos y los pobres aparecen como los principales destinatarios de la salvación. Quizás a los primeros esté referido el último versículo de la Profecía, pues el contenido de la iluminación en los Padres de la Iglesia suele ser la sabiduría de las cosas divinas: Los descarriados alcanzarán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina. Los pobres, que no tienen poder en este mundo --poder que pide el salmo a Dios- lo obtienen en la justicia del Dios de Jacob: Pondré la equidad como medida y la justicia como nivel. Sin embargo, esta centralidad de la acción mesiánica de este Año II no descuida el elogio que hace Cristo de Juan el Bautista: En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista. La liturgia hispana acogerá la frase del Mesías con especial aprecio, pudiéndose afirmar que el santo más apreciado por ella es Juan el Bautista: es el único santo que tiene un domingo que sirve de preparación para su fiesta (24 de Junio). Los demás santos de importancia tendrán un día previo de preparación, normalmente de carácter penitencial, pero nunca un domingo. Por tanto, su preparación es propiamente festiva y extraordinaria, rompiendo la sucesión de domingos De Cotidiano.

    El Apóstol a los corintios continúa con la temática del anterior del Año I, centrándose en un tema aludido: la conciencia (1Cor 4, 4). Al ser el Señor el Juez de la vida del creyente, no se debe temer ningún tribunal humano. Con esto se complementa la doctrina sobre la autoridad proveniente de Dios, tema del Apóstol del año pasado. También encontramos continuidad con los "efectos mesiánicos" de la Profecía y del Evangelio referidos a los ciegos, pero desde una perspectiva moral: Él iluminará lo oculto de las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones de los corazones. Hay que señalar, sin embargo, que la conciencia y la moralidad del cristiano tienen en el Apóstol un fundamento cristológico: Así han de considerarnos los hombres: ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios. El trasfondo litúrgico de estas palabras no es difícil de apreciar, mostrando una vez más que debe existir una continuidad entre liturgia y vida.

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    « Reply #24 on: October 07, 2014, 10:35:53 PM »
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  • TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

    Tercer domingo de Adviento, Año I:
    Profecía: Is 51,1-6
    Psallendum: Sal 84,8.7
    Apóstol: Rom 11,25-36
    Evangelio: Mt 21,1-17
    Laudes: Sal 32,3

    El Evangelio de este domingo es el típico del domingo de Ramos romano 2, narrando la entrada de Cristo en Jerusalén. La venida del Señor, que configura el tiempo de Adviento, es comprendida en este momento como la venida para darnos la salvación y renovar la creación. La Profecía de este día nos habla nuevamente de los orígenes del Pueblo de Dios cuando Abraham era el primer miembro. En los tiempos del Salvador, se convertirá el desierto en Edén y la estepa en Paraíso. Entonces será la salvación por siempre. El carácter renovador de Cristo en su vida entre nosotros lleva a desplazar la atención del comienzo de su vida pública -domingos I y II- al comienzo de su Pasión. La salvación prometida en la Profecía y suplicada en el Psallendum llega en el Evangelio, en donde vemos cómo Cristo expulsa a los mercaderes del Templo: Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la estáis haciendo una cueva de ladrones. Allí también cura a ciegos, mostrando que su advenimiento conlleva una restauración del culto a Dios y de la fragilidad del hombre. La selección de este Evangelio comporta una visión complementaria al recurrente tema de la venida del Señor en la carne.

    El Apóstol, leído en el Año II durante el primer domingo, nos presenta el universalismo de la salvación de Dios, no explicitado en la Profecía, y que los anteriores domingos han puesto siempre de manifiesto. La salvación proviene de Sión, esto es, el Mesías esperado que restaura el Paraíso tiene un origen histórico. Sin embargo, ni por su acción divina ni por su origen terreno es advertido por Israel, siendo su ceguera parcial. Dios llama también a otros pueblos según la carne, pero éstos forman un solo Pueblo. La obediencia a Dios y su llamada universal a la santidad conforman la exhortación de Pablo a los romanos y a nosotros, para que seamos fieles a esa llamada que está renovando el cosmos trayendo la salvación.

    Tercer domingo de Adviento, Año II:
    Profecía: Ez 36,6-11
    Psallendum: Sal 95,12-13.1
    Apóstol: Col 3,4-11
    Evangelio: Mt 21,1-9
    Laudes: Sal 99,1

    El universalismo profético de la Profecía de este domingo adquiere un contexto agrícola: el profeta anuncia a los montes y a las colinas que las demás naciones no van a poder contra el Pueblo de Dios. Éste va a ser "cultivado" y "sembrado" por Dios, echando ramas y frutos, siendo fecundos. Esta perspectiva agrícola varía el universalismo mesiánico de las naciones que se congregan en el Pueblo de Israel por una "negativa", en la que las demás naciones no obstaculizarán el desarrollo del Pueblo de Dios. De ahí que el Psallendum invite a exultar al campo y cuanto en él existe, que griten de júbilo todos los árboles del bosque. La comprensión de Israel como campo, a la vez que nación, puede dar una nueva interpretación al relato -esta vez breve- de Mateo sobre la entrada gloriosa de Cristo en Jerusalén: Una gran multitud extendió sus propios mantos por el camino; otros cortaban ramas de árboles y las echaban por el camino. Cristo se convierte así no en el fundamento del (Nuevo) Pueblo de Israel, sino que dicho Pueblo sienta las bases para que Cristo sea conocido por todos. Podemos leer aquí una implícita alusión a la labor evangelizadora de la Iglesia. Y esta evangelización se realiza también en un contexto litúrgico, como lo deja claro el siguiente versículo evangélico: las multitudes que iban delante y detrás de él, clamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Podemos también releer este texto que es asumido por el canto del Sanctus como un preludio del texto de Sacrosanctum Concilium n. 10: la Liturgia es la cuмbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor. Las multitudes que van detrás y delante muestran que la actividad de la Iglesia conduce al culto -Hosanna en el cielo- y parte de él.

    La carta a los Colosenses, además de ofrecer una parénesis propia de los Apóstol de la liturgia, nos presenta el universalismo presentado de forma inversa en la Profecía: no hay griego o judío, circuncisión o incircuncisión, bárbaro o escita, siervo o libre, sino que Cristo es todo en todos. Cristo lo es porque está "sobre" la Iglesia, sobre las ramas del gran árbol de Ésta.

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    « Reply #25 on: October 08, 2014, 10:19:00 PM »
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  • CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

    Cuarto domingo de Adviento, Años I y II:
    Profecía: Is 24,16-23
    Psallendum: Sal 95,12b-13.1
    Apóstol: 1Cor 15,22b-31
    Evangelio: Mc 12,38-13,33
    Laudes: Sal 79,2a

    La liturgia de la palabra de este domingo adquiere un fuerte carácter escatológico. La espera mesiánica del Mesías de los domingos anteriores cede a una clara alusión al Juicio y al final de los tiempos. Si en el anterior domingo el Psallendum confirmaba una visión agrícola del Pueblo de Dios, en éste el mismo Psallendum subraya el Juicio: Él juzgará al orbe con justicia. El profeta Isaías es categórico: Aquel día castigará Yahveh al ejército de lo alto en lo alto y a los reyes de la tierra en la tierra; serán amontonados en montón los prisioneros en el pozo, serán encerrados en la cárcel y al cabo de muchos días serán visitados. Una alusión al libro del Apocalipsis la podemos ver en el último versículo: esté la Gloria en presencia de sus ancianos. El carácter tajante de estas lecciones veterotestamentarias no se queda en su "género" propio, sino que trasciende hasta el Evangelio, más explícito y no menos tajante. En él, el pasaje de la viuda pobre está de más, y seguramente se ha conservado para seguir con una lectura continua. El tema del Evangelio es el Juicio, donde Cristo condena la actitud pretenciosa de los escribas diciendo: Estos recibirán un juicio más severo. Pero la amenaza no queda ahí: No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida... Muchos vendrán en mí nombre diciendo: Yo soy; y seducirán a muchos. Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis; pues es necesario que esto ocurra, pero todavía no es el fin. Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre. Esto es el comienzo de los dolores... Pero es necesario que antes sea predicado el Evangelio a todos los pueblos.

    El Juicio no abarca sólo el mundo presente, sino también el "celeste": el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potestades de los cielos se conmoverán. Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Queda patente la participación activa de los ángeles en la reunión de los dispersos y el aparente triunfo de las tinieblas. El triunfo de Cristo sobre ellas queda explicado en el Apóstol, cuando se afirma: Después, el final, [será] cuando entregue el Reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, toda potestad y poder... el último enemigo será destruida la muerte. Para los hombres, el consuelo y a la vez la tarea queda claro: el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

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    « Reply #26 on: October 10, 2014, 12:26:01 AM »
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  • QUINTO DOMINGO DE ADVIENTO

    Quinto domingo de Adviento, Año I:
    Profecía: Is 16,1-5
    Psallendum: Sal 84,10b.11-13
    Apóstol: 1Tes 5,14-23
    Evangelio: Lc 17,20-24
    Laudes: Sal 79,15

    Las breves lecturas de este domingo continúan con el tinte escatológico del domingo anterior. Las ideas son sucintas: la Profecía exhorta, lo mismo que el Apóstol, a la defensa de los débiles, los acosados, los fugitivos. Tanto la Profecía como el Apóstol esperan la venida del Señor, la primera como juez que busque el derecho y promueva la justicia, y el segundo pide que nuestro ser entero -espíritu, alma y cuerpo- se mantenga sin mancha hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. Aunque la Profecía espera la venida del Cristo según la carne y el Apóstol según la gloria, el tema común es la venida de la justicia, como declara el Psallendum: de los cielos asomará la Justicia. Ante la venida del Mesías, no sólo encontramos la intencionalidad diferente de la Profecía y el Apóstol, sino que entre Apóstol y Evangelio encontramos dos modos de situarse ante la venida final de Cristo. En el Apóstol se exhorta a no despreciar las profecías, sino examinar las cosas y retener lo bueno. En cambio, el Evangelio pone en guardia -lo mismo que el domingo anterior- contra las falsas predicciones: os dirán: vedlo aquí, o vedlo allí. No vayáis ni corráis detrás. Pues, como el relámpago fulgurante brilla de un extremo a otro del cielo, así será en su día el Hijo del Hombre. Por otro lado, Cristo habla también de la presencia actual del Reino de Dios: El Reino de Dios no viene con espectáculo; ni se podrá decir: vedlo aquí o allí; porque, mirad, el Reino de Dios está ya en medio de vosotros. Y esa presencia actual del Reino entre nosotros es la Iglesia, como nos lo dice la Constitución Lumen Gentium n. 3: Cristo, pues, en cuмplimiento de la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el reino de los cielos, nos reveló su misterio, y efectuó la redención con su obediencia. La Iglesia, o reino de Cristo, presente ya en el misterio, crece visiblemente en el mundo por el poder de Dios.

    Quinto domingo de Adviento, Año II:
    Profecía: Mal 3,1-4
    Psallendum: Sal 84,10b.11-13
    Apóstol: 1Tes 5,14-23
    Evangelio: Mc 1,1-8
    Laudes: Sal 101,16

    El Psallendum de este Año II es el mismo que el anterior. La exégesis y respuesta que hace de la Profecía vuelve a tener como centro la justicia. Esta vez, la purificación de los hijos de Leví, sujetos del sacerdocio veterotestamentario, renovará el culto y la institución sacerdotal misma, permitiendo ofrecer la oblación en justicia. Esto expresa bien lo que se comprende del culto cristiano, superior en este sentido a los ritos judíos. Sin embargo, aunque se insiste en la venida del Mesías, este domingo del Año II suaviza un poco el tono escatológico del año anterior y del domingo pasado, volviendo a elogiar a la figura de Juan el Bautista. En efecto, la breve Profecía hace alusión al mensajero que allana el camino delante de mí, y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el Ángel de la alianza, que vosotros deseáis, he aquí que viene, dice Yahvé Sebaot. ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? El acento escatológico queda mitigado por el Evangelio, que interpreta la Profecía: el mensajero es Juan el Bautista, mientras que el Ángel de la alianza es Cristo. Esta cristificación de la figura angélica no es infrecuente en la liturgia, ni en los Padres. Tampoco en la exégesis tipológica de éstos.

    Exceptuando la renovación del sacerdocio levítico, las breves lecturas de este domingo continúan proclamando la inminente venida de Cristo, además de una breve alusión al Día de la venida, que en los oyentes significa el último Día.



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    « Reply #27 on: October 10, 2014, 10:48:06 PM »
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  • SEXTO DOMINGO DE ADVIENTO

    Sexto domingo de Adviento, Año I:
    Profecía: Is 35,1-10
    Psallendum: Sal 71,3-4.1
    Apóstol: 2Tes 2,1-14
    Evangelio: Mc 1,1-8
    Laudes: Sal 94,1

    La dimensión escatológica del Adviento se hace palpable en este domingo, donde Juan el Bautista vuelve a ser protagonista del Evangelio. En la Profecía se vuelve a tocar el tema de la venida de Dios, esta vez como vengador y salvador (Is 35, 4). Vuelve a manifestarse el júbilo por su venida, que implica la justicia, como repite el Psallendum. Pero ya se está aludiendo a Juan: serán alumbradas en el desierto las aguas. La alusión al agua señala la futura manifestación de Dios en el bautismo de Juan y por medio de la relación Profecía-Evangelio se da una interpretación a este acontecimiento: las aguas serán santificadas por Cristo que viene a ellas. Ésta es la exégesis patrística de Ignacio de Antioquía y otros autores que ven en el bautismo en el Jordán cómo Cristo concede al agua su poder de santificar y hacer hijos de Dios. Pero en el Evangelio se amplía la acción trinitaria: el "nuevo" bautismo será en el Espíritu Santo.

    El Apóstol (2Tes 2, 1-14) trata en cambio de la venida final de Cristo, previniendo a los fieles de supuestas revelaciones y rumores. Primero ha de venir la apostasía y manifestarse el hombre de la iniquidad. La venida del anti-Cristo es la condición de la venida final de Cristo en gloria. Los que se condenen, lo harán por su complacencia en la injusticia, puesto que Cristo hará justicia a los humildes del pueblo (Sal 71, 4).

    Sexto domingo de Adviento, Año II:
    Profecía: Is 35,1-2
    Psallendum: Sal 147,16-17
    Apóstol: Flp 4,4-7
    Evangelio: Lc 3,1-18
    Laudes: Sal 32,3

    Las lecturas de este domingo son breves, si exceptuamos al Evangelio. Todas hablan de la cercanía del Señor y de la alegría. El Apóstol aprovecha a exhortar a los fieles a que presenten sus peticiones a Dios por medio de la oración y la súplica, junto con la acción de gracias. La eucaristía queda comprendida así como venida de Cristo, en la que los fieles se despreocupan y se alegran, dándose a la oración litúrgica, esto es, participando activamente.

    El Evangelio, centrado nuevamente en el ministerio de san Juan Bautista, habla de la penitencia: bautismo de penitencia y exhortación a la penitencia. Quizás aquí podemos ver la tenue connotación penitencial del Adviento. En su exhortación profética, no faltan en Juan una llamada a la misericordia y a la caridad. En ellas se manifiesta la verdadera filiación divina. Nada vale ya la genealogía carnal, tan apreciada por el judaísmo. No se trata de un mero cambio de mentalidad. Está en juego la salvación, pues todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Ante esta situación, todos los estamentos de la sociedad del momento se sienten interpelados y se preguntan cómo alcanzar la salvación: publicanos, soldados, la muchedumbre. El Juicio está cerca, y ese juicio comienza con la venida del Mesías.

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    « Reply #28 on: October 12, 2014, 04:01:31 AM »
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  • INTRODUCCIÓN

    Desde hace ya unos años se ha popularizado en el ámbito del rito romano la costumbre de la corona de Adviento, cuya bendición se contempla en la edición española del bendicional y puede sustituir al rito penitencial de la misa. Existen también adaptaciones para el rito ambrosiano que, al igual que el hispano-mozárabe, cuenta con un Adviento de seis semanas.

    Por su parte, los oficios hispánicos de Vísperas comienzan a lo largo de todo el año con el rito de la luz, con lo que no parece necesario crear un rito, unos formularios o unos textos específicos para una posible adaptación de la corona de Adviento al ámbito hispano-mozárabe. En su lugar, se puede recurrir al Breviario para el rito de la luz de los domingos de Adviento, y si se desea, valerse de una corona de Adviento de seis velas, una para cada domingo. En el caso de celebrarse en la iglesia lo razonable sería rezar íntegramente las vísperas.

    A continuación presentamos una breve explicación de este rito de la luz, con los textos que nos ofrece el Breviario y sus rúbricas originales pensadas para una celebración litúrgica y comunitaria en la iglesia. También, proponemos una versión simplificada que podría utilizarse privadamente con fines devocionales y que hemos completado con otros elementos del oficio de Vísperas, también tomados del Breviario.

     

    RITO DE LA LUZ

    El rito de la luz inicia los oficios de Vísperas del rito hispano-mozárabe. Comprende una invocación inicial seguida del canto de la antífona laudes (también denominada vespertinum), que, a su vez, en las primeras Vísperas de los domingos de Adviento, salvo el VI, va acompañada de una oración colecta.

    Invocación inicial. En el Breviario no tiene ningún título. El P. Pinell 1 la denomina oblatio luminis u oblación de la luz, porque antiguamente la invocación se acompañaba del gesto de ofrecer en el altar la primera lámpara que se encendía en la iglesia. Así lo recoge también la guía de Las Vísperas de san Lucas en rito Hispano-Mozárabe, Seminario de San Ildefonso, Toledo 1993 donde las rúbricas para este rito son las siguientes:

    Estando la iglesia débilmente iluminada, se coloca, oculto tras el altar, un gran cirio encendido. Los ministros entran en silencio, se inclinan ante el altar, y el diácono, o en su defecto el sacerdote toman la fuente de la luz, la muestran al pueblo y dicen: In nómine Dómini...

    Woolfenden 2 cree, que más que ofrecer la luz a Dios este rito quiere expresar cómo Dios ofrece la luz a su pueblo. En cualquier caso, en este momento es cuando se puede encender la vela o cirio, que a su vez podría ser el de la corona que corresponda a cada domingo.

    Lauda (Laudes). Una vez encendida la vela se recita o cantan las laudes, que es una antífona responsorial sálmica. Recibe también el nombre de antífona, psalmus y vespertinum. Antiguamente, mientras se cantaba el vespertinum se iban encendiendo el resto de las luces. También la guía mencionada recoge esto en sus rúbricas:

    Durante este canto, que entonan los cantores y que se repite desde el lugar indicado, se encienden las luces de la iglesia.

    Oración. Acompaña a las laudes solo en algunos domingos y festivos y en el oficio de Santa María en sábado. Termina siempre con la misma fórmula conclusiva y el saludo. En las Primeras Vísperas de los Domingos I a V de Adviento la oración es la misma, mientras que el VI carece de ella. Se omite en las segundas Vísperas del domingo.

    Y así finaliza este sencillo rito cuyos textos son iguales en los domingos I a V de Adviento mientras que en el VI varían las laudes, que además carecen de oración colecta 3.

    RITO DE LA LUZ DE ADVIENTO



    DOMINGOS I A V DE ADVIENTO
    Oblatio luminis / Oblación de la luz
    Incipiat Presbyter cuм signo crucis:
    In nómine Dómini nostri Iesu Christi lumen cuм pace.
    R/. Deo grátias. El sacerdote hace la señal de la cruz y dice:
    En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, luz con paz.
    R/. Demos gracias a Dios.
    Dicat Presbyter:
    Dóminus sit semper vobíscuм.
    R/. Et cuм spíritu tuo. El sacerdote dice:
    El Señor esté siempre con vosotros.
    R/. Y con tu espíritu.

     

    Lauda / Laudes 4
    A solis ortu usque ad occásum, laudábile nomen Dómini.
    V/. Sit nomen Dómini benedíctum, ámodo, et usque in ætérnum.
    R/. Laudábile nomen Dómini.
     Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre del Señor.
    V/. Sea el nombre del Señor bendito desde ahora y para siempre.
    R/. Sea alabado el nombre del Señor.
     
    Oratio / Oración
    Deus, cuius nomen est benedíctum a solis ortu usque ad occásum, reple cor nostrum sciéntia, et ori nostro tuæ laudis offícia députa, ut, sicut omne per ævum débito honóre benedíceris, ita ab ortu solis usque ad occásum cónsono cunctórum ore laudéris.
    R/. Amen. Oh Dios, cuyo nombre es bendito desde la salida del sol hasta su ocaso, llena de ciencia nuestros corazones y abre nuestros labios en tu alabanza; para que como eres bendito con el debido honor por todos los siglos, así seas alabado de oriente a occidente por todas las naciones.
    R/. Amén.
    Per misericórdiam tuam, Deus noster, qui es benedíctus, et vivis, et ómnia regis in sæcula sæculórum.
    R/. Amen. Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos.
    R/. Amén.
    Dicat Presbyter:
    Dóminus sit semper vobíscuм.
    R/. Et cuм spiritu tuo. El sacerdote dice:
    El Señor esté siempre con vosotros.
    R/. Y con tu espíritu.



    DOMINGO VI DE ADVIENTO

    Oblatio luminis / Oblación de la luz
    Incipiat Presbyter cuм signo crucis:
    In nómine Dómini nostri Iesu Christi lumen cuм pace.
    R/. Deo gratias. El sacerdote hace la señal de la cruz y dice:
    En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, luz con paz.
    R/. Demos gracias a Dios.
    Dicat Presbyter:
    Dóminus sit semper vobíscuм.
    R/. Et cuм spiritu tuo. El sacerdote dice:
    El Señor esté siempre con vosotros.
    R/. Y con tu espíritu.

     

    Lauda / Laudes 5
    Erit lux magna in témpore vespertíno, quia ecce véniet Dóminus Deus vester.
    V/. Et illuminabúntur, qui in ténebris sunt, et in umbra mortis sedent.
    R/. Quia ecce véniet Dóminus Deus vester.
     Una gran luz vendrá al atardecer, porque he aquí que viene el Señor vuestro Dios.
    V/. Para iluminar a los que yacen en tinieblas y en sombras de muerte.
    R/. Porque he aquí que viene el Señor vuestro Dios.
     
    Dicat Presbyter:
    Dóminus sit semper vobíscuм.
    R/. Et cuм spíritu tuo. El sacerdote dice:
    El Señor esté siempre con vosotros.
    R/. Y con tu espíritu.

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    « Reply #29 on: October 13, 2014, 11:47:00 PM »
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  • INTRODUCCIÓN

    Lo que sigue es una versión simplificada del oficio de Vísperas hispano-mozárabe para los domingos de Adviento, compuesta por: rito de la luz, sono, suplicación y  despedida, habiéndose tomado los textos latinos del Breviarium Gothicuм. Se trata tan solo de una propuesta de La Ermita y por tanto sin ningún otro valor que el de ser una sugerencia para la oración durante el tiempo de Adviento.

    Los distintos elementos que componen el rito de la luz se detallan a continuación:

    RITO DE LA LUZ

    El rito de la luz inicia los oficios de Vísperas del rito hispano-mozárabe. Comprende una invocación inicial seguida del canto de la antífona laudes (también denominada vespertinum), que, a su vez, en las primeras Vísperas de los domingos de Adviento, salvo el VI, va acompañada de una oración colecta.

    Invocación inicial. En el Breviario no tiene ningún título. El P. Pinell 1 la denomina oblatio luminis u oblación de la luz, porque antiguamente la invocación se acompañaba del gesto de ofrecer en el altar la primera lámpara que se encendía en la iglesia. Así lo recoge también la guía de Las Vísperas de san Lucas en rito Hispano-Mozárabe, Seminario de San Ildefonso, Toledo 1993 donde las rúbricas para este rito son las siguientes:

    Estando la iglesia débilmente iluminada, se coloca, oculto tras el altar, un gran cirio encendido. Los ministros entran en silencio, se inclinan ante el altar, y el diácono, o en su defecto el sacerdote toman la fuente de la luz, la muestran al pueblo y dicen: In nómine Dómini...

    Woolfenden 2 cree, que más que ofrecer la luz a Dios este rito quiere expresar cómo Dios ofrece la luz a su pueblo. En cualquier caso, en este momento es cuando se puede encender la vela o cirio, que a su vez podría ser el de la corona que corresponda a cada domingo.

    Para realizar este rito de forma privada

    Lauda (Laudes). Una vez encendida la vela se recita o cantan las laudes, que es una antífona responsorial sálmica. Recibe también el nombre de antífona, psalmus y vespertinum. Antiguamente, mientras se cantaba el vespertinum se iban encendiendo el resto de las luces. También la guía mencionada recoge esto en sus rúbricas:

     
    Durante este canto, que entonan los cantores y que se repite desde el lugar indicado, se encienden las luces de la iglesia.

    Oración. Acompaña a las laudes solo en algunos domingos y festivos y en el oficio de Santa María en sábado. Termina siempre con la misma fórmula conclusiva y el saludo. En las Primeras Vísperas de los Domingos I a V de Adviento la oración es la misma 3, mientras que el VI carece de ella. Se omite en las Segundas Vísperas del domingo.

    SALMODIA

    A continuación se sigue con la salmodia, que en nuestro caso reducimos al sonus o sono propio de cada domingo 4.

    Sono. Es un responsorio aleluyático. El aleluya falta en el primer domingo de Adviento. En el Breviario se encuentra como elemento propio de los domingos (no todos), de los festivos, del oficio de Santa María en sábado y de las ferias del Tiempo Pascual. Según el P. Pinell, mientras se cantaba el sono se incensaba el altar.

    CONCLUSIÓN

    Tras el sono proponemos rezar otro elemento del oficio de Vísperas como es la suplicación con el texto específico del Adviento seguido de los kyries, para finalizar con la fórmula de despedida con que terminan los oficios.

    Supplicatio. Se trata de un invitatorio o exhortación diaconal a la plegaria, que en el oficio va a continuación del himno 5. Según el P. Pinell a esta exhortación le seguían unos momentos de oración en silencio que concluían con la petición "concédelo, Dios eterno y todopoderoso". Woolfenden, sin embargo cree que tras la suplicación existía una auténtica letanía, de la cual no queda ningún rastro ni en el Breviario ni en los manuscritos antiguos.

    Después se recitan los kyries, que en los manuscritos nunca contienen la invocación Christe eleison, incluida en el Breviario seguramente por influencia romana, y que nosotros omitimos.

    Fórmula de despedida. Es una fórmula similar a la del inicio del oficio y muy característica del rito hispano-mozárabe donde podemos hallar otras variantes en el oficio y en la misa 6.


    RITO DE LA LUZ DE ADVIENTO



    1. RITO DE LA LUZ
    DOMINGOS I A V DE ADVIENTO

    Como sugerencia para el rezo en privado: Encender un cirio o vela y tras hacer la señal de la cruz, elevarlo un poco mientras se realiza la oblación de la luz. Después, depositar el cirio o la vela en su lugar, que puede ser una corona preparada para seis velas. Acto seguido se rezan las laudes y su oración y después el sono correspondiente a cada domingo.

     

    Oblatio luminis / Oblación de la luz
    In nomine Dómini nostri Iesu Christi lumen cuм pace. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, luz con paz.
    R/. Deo grátias. R/. Demos gracias a Dios.

    Lauda / Laudes
    A solis ortu usque ad occásum, laudábile nomen Dómini.
    V/. Sit nomen Dómini benedíctum, ámodo, et usque in ætérnum.
    R/. Laudábile nomen Dómini.
     Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre del Señor.
    V/. Sea el nombre del Señor bendito desde ahora y para siempre.
    R/. Sea alabado el nombre del Señor.
     
    Oratio / Oración
    Deus, cuius nomen est benedíctum a solis ortu usque ad occásum, reple cor nostrum sciéntia, et ori nostro tuæ laudis offícia députa, ut, sicut omne per ævum débito honóre benedíceris, ita ab ortu solis usque ad occásum cónsono cunctórum ore laudéris.
    R/. Amen. ¡Oh Dios, cuyo nombre es bendito desde la salida del sol hasta su ocaso! Llena de ciencia nuestros corazones y abre nuestros labios en tu alabanza; para que como eres bendito con el debido honor por todos los siglos, así seas alabado de oriente a occidente por todas las naciones.
    R/. Amén.
    Per misericórdiam tuam, Deus noster, qui es benedíctus, et vivis, et ómnia regis in sæcula sæculórum.
    R/. Amen. Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito, y vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos.
    R/. Amén.



    DOMINGO VI DE ADVIENTO

    Como sugerencia para el rezo en privado: Encender un cirio o vela y tras hacer la señal de la cruz, elevarlo un poco mientras se realiza la oblación de la luz. Después, depositar el cirio o la vela en su lugar, que puede ser una corona preparada para seis velas. Acto seguido se rezan las laudes  y después el sono correspondiente a cada domingo.

     

    Oblatio luminis / Oblación de la luz
    In nomine Dómini nostri Iesu Christi lumen cuм pace. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, luz con paz.
    R/. Deo grátias. R/. Demos gracias a Dios.

     

    Lauda / Laudes 5
    Erit lux magna in témpore vespertíno, quia ecce véniet Dóminus Deus vester.
    V/. Et illuminabúntur, qui in ténebris sunt, et in umbra mortis sedent.
    R/. Quia ecce véniet Dóminus Deus vester.
     Una gran luz vendrá al atardecer, porque he aquí que viene el Señor vuestro Dios.
    V/. Para iluminar a los que yacen en tinieblas y en sombras de muerte.
    R/. Porque he aquí que viene el Señor vuestro Dios.
     





    2. SONOS

    PRIMER DOMINGO

    Sono / Sono Sal 94,1-2
    Veníte, exultémus Dómino, iubilémus Deo salutári nostro.
    V/. Præoccupémus fáciem Dei in confessióne, et in psalmis.
    R/. Iubilémus Deo, salutári nostro.
     Venid, cantemos jubilosos al Señor, aclamemos a la roca que nos salva.
    V/. Vayamos ante él a darle gracias y a cantar himnos en su honor.
    R/. Aclamemos a la roca que nos salva.
     

    SEGUNDO DOMINGO

    Sono / Sono Sal 95,12-13a.1-2a.3a
    Allelúia. Gaudébunt campi, et ómnia, quæ in eis sunt. Tunc exultábunt ómnia ligna silvárum ante fáciem Dómini, quóniam venit, allelúia.
    V/. Cantáte Dómino cánticuм novum, cantáte Dómino omnis terra. Psállite Deo, et benedícite nomen eius, annunciáte inter gentes glóriam eius.
    R/. Quóniam venit, allelúia.
     Aleluya. Que sonrían los campos con sus frutos, que griten de alegría los árboles del bosque delante del Señor, porque ya viene, aleluya.
    V/. Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra. Cantad al Señor, bendecid su nombre, publicad su gloria entre las gentes.
    R/. Porque ya viene, aleluya.
     
    TERCER DOMINGO

    Sono / Sono Is 62,6b-7; 61,11
    Allelúia. Qui reminiscímini Dóminum, ne taceátis, et ne detis siléntium, donec stabilíat, et ponat Ierúsalem laudem in terra.
    V/. Allelúia. Sicut terra, quæ prodúcit flores suos, et sicut hortus semen suum gérminat; ita Dóminus germinábit iustítiam.
    R/. Laudem in terra.
     Aleluya. Vosotros, los que rendís memoria al Señor, no os concedáis reposo. No le deis tregua a él, hasta que restablezca a Jerusalén y la constituya como gloria en medio de la tierra.
    V/. Aleluya. Como la tierra echa sus brotes, como un huerto hace brotar lo sembrado, así el Señor Dios hará germinar la justicia.
    R/. Como gloria en medio de la tierra.
     

    CUARTO DOMINGO

    Sono / Sono Sal 49,1-3a
    Deus deórum Dóminus locútus est, vocávit terram ex Sion, spécies decóris eius, allelúia.
    V/. Deus maniféste véniet, Deus noster, et non silébit.
    P. Spécies decóris, eius, allelúia.
     El Dios de los dioses, el Señor, ha hablado, ha convocado al mundo desde Sión, dechado de hermosura, aleluya.
    V/. Ya viene nuestro Dios y no se callará.
    R/. Dechado de hermosura, aleluya.
     

    QUINTO DOMINGO

    Sono / Sono  
    Apparébit nobis Salvátor, quasi nubes clara média die, allelúia.
    V/. Et sicut guttæ distillántes in fáciem terræ sitiéntis.
    R/.  Média die, allelúia.
     Se nos apareció el Salvador, como nubes en un medio día resplandeciente, aleluya.
    V/. Y como gotas que caen en tierra que ansía lluvia.
    R/. A medio día, aleluya.
     

    SEXTO DOMINGO

    Sono / Sono Sal 79,2a.3b-4.
    Qui regis Ísrael, inténde, et veni ut líberes nos, allelúia.
    V/. Deus virtútum convérte nos, et osténde fáciem tuam.
    R/. Et veni, ut líberes nos, allelúia.
     Pastor de Israel, escucha, y ven a socorrernos, aleluya.
    V/. Oh Dios, haz que seamos lo que fuimos, haz que brille tu rostro.
    R/. Y ven a socorrernos, aleluya.
     





    3. CONCLUSIÓN

    Como sugerencia para el rezo en privado: Tras la exhortación de la suplicación, se puede orar un momento en silencio y después concluir diciendo: "concédelo...". Luego se sigue con los kyries y se termina con la fórmula de despedida.

     

    Supplicatio / Suplicación
    Orémus Redemptórem mundi Dóminum nostrum Iesum Christum, cuм omni supplicatióne rogémus; ut nos grátia advéntus sui propítius iustificáre dignétur. Oremos al Redentor del mundo, nuestro Señor Jesucristo y roguémosle con toda suplicación que por la gracia de su advenimiento se digne propicio justificarnos.
    R/. Præsta ætérne omnípotens Deus. R/. Concédelo, Dios eterno y todopoderoso.
    Kýrie eléison, Kýrie eléison, Kýrie eléison. Kýrie eléison, Kýrie eléison, Kýrie eléison.

     

    In nomine Dómini nostri Iesu Christi perficiámus cuм pace.
    R/. Deo grátias. En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, finalicemos con paz.
    R/. Demos gracias a Dios.


    http://www.hispanomozarabe.es/