LA SALVE DE SAN LUCAS
Antes mencionamos la tradicional vinculación del rezo de la salve con la parroquia mozárabe de San Lucas. Nos referíamos a una tradición que arranca por lo menos de finales del siglo XV y que alcanzó gran popularidad en Toledo gracias al milagro de la salve y a Diego Hernández, -Diego de la Salve- y la historia de fervor mariano de la que fue protagonista.
De las dos versiones del milagro que con el transcurrir de los siglos se han popularizado, la que nos merece más credibilidad es la que en 1594 nos presenta Alonso de Villegas, capellán mozárabe y beneficiado de la parroquia mozárabe de San Marcos, que conoció en persona al hijo de Diego de la Salve, y que dice así:
«En Toledo ay seis iglesias que llaman Moçárabes, en las cuales todo el tiempo que esta ciudad estuvo en poder de moros se celebravan los oficios divinos, y ocurrían a oírlos y las frecuentavan los cristianos que estavan mezclados entre los moros, que por lo mismo eran llamados Mixtiárabes, y de ahí vinieron a llamarse las iglesias, y ellos, Moçárabes. Pues en una déstas, que es San Lucas, está una imagen de Nuestra Señora con su Hijo, assentada en una como silla, todo de madera. Es antiquíssima, y, o fuesse por respeto desta santa imagen, o por estar alguna grande y preciosa reliquia en la iglesia, de que no se tiene noticia, se han visto cosas maravillosas en ella, acerca de lo cual yo he hecho las diligencias que me parece que bastan para escrivirlo en este libro como cosa certíssima. Y fue assí, que por los años de Cristo de mil y cuatrozientos y noventa, poco más o menos, siendo cura desta iglesia de San Lucas Gaspar Manso, y viviendo en una casa allí cerca, vinieron un sábado por la tarde cerca de la noche a dezirle que en su iglesia avía música admirable de cantores, y que estava cerrada la puerta, que la hiziesse abrir para que todos gozassen della. Él, muy admirado por saber que la avía dexado cerrada y nadie dentro, tomó las llaves, y algo mal compuesto, sin detenerse en aliñarse o vestirse bien, con una ropa de levantar fue allá, y vido mucha gente a la puerta, que estavan oyendo la música. Él llegó y la oyó, y eran las bozes admirables, y cantavan la Salve a Nuestra Señora. Llegavan al cabo, y el cura abrió la puerta, y él y todos los que allí estavan entraron dentro, y vieron cuatro niños hermosíssimos, que cantavan delante de la imagen de Nuestra Señora la Salve, y porque acabaron al tiempo que la gente entró, ellos se vinieron a encontrar con los que entravan, y a vista de todos se desvanecieron, y no los vieron más. Entre otros muchos que oyeron la música, que entraron y vieron aquellos niños que eran ángeles, se halló un hombre lego, muy devoto y de buena vida. Éste tomó por devoción desde aquel día de llevar cantores o clérigos a la misma iglesia de San Lucas los sábados en la tarde, a la hora del anochecer, y dezían la Salve, el cual, también él mismo fue con esta devoción a San Lorenço y a San Juste, que son iglesias parroquiales y están cerca de San Lucas, y devía ser con alguna ocasión que la dexava de llevar a una destas iglesias e iva a la otra. Llamávase este hombre devoto Diego Fernández, y por esta su devoción era llamado de todos Diego de la Salve, y yo conocí y tuve amistad con un hijo suyo, clérigo muy recogido, que fue sacristán del Sagrario de la Santa Iglesia de Toledo, y se llamó Diego de la Salve 2. En el padre fue impuesto el nombre por su devoción, y el hijo le tomó de propriedad, llamándose assí siempre».
Alonso de Villegas, Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum, Cuenca 1594. Ed. de José Aragüés Aldaz, Revista Lemir nº 2, 1998. Es la misma versión que nos ofrece Erce Ximénez, Miguel en Prueba evidente de la predicación del Apóstol Santiago el mayor en los Reinos de España. Ed. Alonso de Paredes, Madrid 1648, p. 70.
Posteriormente la historia fue adquiriendo tintes más dramáticos y moralizantes y el Diego Hernández que Alonso de Villegas nos presenta como un "hombre lego, muy devoto y de buena vida" pasó a convertirse en un joven licencioso de vida disoluta y descreído que al ser testigo del milagro se arrepiente y se convierte en fervoroso devoto de la Virgen:
«Por los años de 1485 al 1490 vivía en Toledo una señora llamada Dña. Ana Ramos, que profesaba entrañable amor a la Santísima Virgen, en quien fiaba y esperaba la salvación de su único hijo, D. Diego Hernán, extraviado por las malas compañías del recto camino inculcado desde su niñez. Con esta finalidad implanta en la Parroquia Mozárabe de San Lucas la celebración de la Salve cantada, que costea para todos los sábados de su vida y luego dota en su testamento con carácter perpetuo. Pero su hijo no cuмple la manda testamentaria y a pesar de ello los vecinos de la Parroquia afirman que los sábados por la tarde, estando cerrada la iglesia, se oyen músicas y el canto de la Salve. Don Diego quiere acabar con aquellas fantásticas "beaterías" y un día irrumpe en el templo y detrás de él un gentío temeroso. Y allí, inundadas de luz las bóvedas, multitud de ángeles entonaban a su Reina la armoniosa Salve. Don Diego, repuesto de su emoción, hace pública confesión de sus pecados y costea desde entonces, con mayor esplendor, aquella Salve que terminaría sirviéndole de apellido. A su muerte fue enterrado en la puerta de San Lucas y se lee en su epitafio: "Para ser pisados por todo el que entre a venerar a la Santísima Virgen de la Esperanza y asista a los cultos. Aquí yacen los restos mortales de Don Diego de la Salve"»3.
Castaños y Fernández, Concha, La Virgen de la Esperanza de San Lucas y su Salve, Crónica Mozárabe, nº 1. Toledo, abril, mayo y junio de 1969, ed. digital.
En la iglesia de San Lucas, en la capilla de la Virgen de la Esperanza se conserva este cuadro de Miguel Vicente del siglo XVIII en el que se representa la descensión de los ángeles para cantar la salve:
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